El camello y la carga que no cuestionamos

Un camello en el desierto lleva la pesada carga que su dueño deposita sobre su espalda. No muestra signos de hastío. Por el contrario, se arrodilla para facilitar el cargue y permitir que su dueño monte. Luego avanza largas distancias, soportando el peso con una resistencia silenciosa.
Solo exige descansos ocasionales: hidratarse, recuperar fuerzas y continuar.

La vida, muchas veces, transcurre de forma muy similar.

Se da por hecho que existe un plan de vida que debemos seguir, un conjunto de reglas incuestionables y una serie de instituciones que hay que respetar y defender. Muchos se arrodillan —sin que nadie se los pida explícitamente— para recibir la carga: trabajar sin pausa, mejorar la situación económica, construir una relación “correcta”, comportarse de manera respetable y avanzar, paso a paso, hacia una versión aceptable de sí mismos.

Vivir sin preguntar

La mayoría vive siguiendo rutinas y normas preestablecidas, sin detenerse a cuestionarlas.
La recompensa suele ser una sensación de tranquilidad: frágil, intermitente, pero suficiente. Cuando se agota, basta con un descanso físico o mental —un fin de semana, unas vacaciones, una distracción— para recuperar energía y seguir adelante.

Sin embargo, existe una minoría para la cual el descanso ya no funciona.
La carga no se aligera. La vida se siente pesada de una forma distinta. No como cansancio, sino como desajuste. Algo no encaja.

Si perteneces al grupo que se siente cómodo con su dinámica cotidiana y para quien el descanso es suficiente, este espacio probablemente no sea para ti.
Pero si estás en ese punto donde la vida se siente agotadora y no logras entender por qué, puedes seguir avanzando.

Cuestiona lo que haces

¿Te has preguntado por qué haces lo que haces?
Más importante aún: ¿alguna vez te has respondido esa pregunta?

¿Por qué trabajas todos los días?
¿Por qué profesas la religión que profesas?
¿Por qué consideras que mentir está mal?
¿Por qué debes tener buenos modales?
¿Por qué sigues comportándote como te enseñaron cuando eras un niño?

Cuestionar lo que hacemos es el primer paso hacia una autonomía real.
Tal vez, después de hacerlo, continúes viviendo de la misma manera. Pero ya no será por inercia, sino por comprensión.

Adoptar una actitud científica frente a la vida

Asumir la vida con una actitud científica implica observarse, formular hipótesis y dudar de lo evidente. Preguntarse de forma sistemática por las motivaciones detrás de cada acción, hasta empezar a entender qué nos mueve realmente.

Solo así es posible identificar en qué momento dejamos de sentirnos cómodos viviendo como camellos.

Un ejercicio práctico para entrenar la duda

Consigue una libreta pequeña y un bolígrafo.
Dedica entre 5 y 10 minutos diarios a escribir preguntas sobre lo que haces. Todas. Desde las más triviales hasta las más incómodas o existenciales.

Hazlo durante una semana completa.

Al finalizar, cuenta cuántas preguntas formulaste y proponte duplicar ese número la semana siguiente.

El objetivo no es responderlas.
Es entrenarte en preguntar mejor.

Si al completar el ejercicio sientes que la inconformidad aumenta, no te alarmes. Es una señal clara de que el proceso está funcionando.
En la próxima publicación hablaremos de qué hacer con todas esas preguntas.

Comments

Una respuesta a «El camello y la carga que no cuestionamos»

  1. […] la publicación anterior, El camello y la carga que no cuestionamos, propuse un ejercicio aparentemente sencillo: escribir preguntas sobre las motivaciones de nuestra […]

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