Cuestionar la moral: elegir la carga que decides llevar

En publicaciones anteriores hablábamos del ejercicio de reflexionar sobre qué cargas deseas abandonar y cuáles decides conservar. Un buen punto de partida para hacer esa evaluación son tus juicios morales.

La moral constituye el conjunto de normas —implícitas y explícitas— que se construyen a partir de la costumbre y que buscan delinear el comportamiento de las personas. Gracias a ella solemos clasificar las acciones y decisiones como buenas o malas. Sin embargo, esta moral suele ser una de las cargas más pesadas que llevamos, y casi siempre nos viene impuesta desde fuera de nosotros mismos.

Lo que consideras bueno o malo está determinado, en gran medida, por las enseñanzas de tus padres y por los dictados de la religión que profeses —si es que profesas alguna—. De hecho, la religión ha sido históricamente una de las principales fuentes de la moral, y la familia, su principal guardiana. Cada deidad ha dictado lo que debe considerarse correcto o incorrecto, estableciendo recompensas para la bondad y castigos para la maldad, mientras en el ámbito familiar se nos insta a vivir conforme a esos principios.

Evaluar la moral implica necesariamente cuestionarla. Y este suele ser un punto doloroso para la mayoría de las personas, porque cuestionar la moral significa poner en duda las creencias más profundas, tanto propias como del entorno. De ahí que este ejercicio provoque con frecuencia rechazo, confrontaciones y ataques defensivos.

Reflexiona sobre tus juicios morales en la vida cotidiana. La próxima vez que escuches una historia y sientas el impulso de catalogar una acción como buena o mala, detente un momento y pregúntate: ¿por qué creo que esto es bueno o malo?
Al profundizar, descubrirás que muchas categorías morales se sostienen en afirmaciones como “porque así lo dice Dios” o “porque es lo mejor para la convivencia social”. Pero entonces surge una pregunta incómoda: ¿y si Dios no existe? Y, asumiendo que no existe, ¿por qué deberíamos procurar la convivencia social?

Cuanto más ahondes en estas reflexiones, más cerca estarás de territorios incómodos que la mayoría de los adultos no está dispuesta a transitar. Pocas personas se atreven a cuestionar su fe, o incluso a poner en duda la idea de la convivencia y la supervivencia de la humanidad como valores incuestionables. Sin embargo, hacerlo es necesario si realmente deseas elegir de manera autónoma la carga que decides llevar.

Es importante tener presente que cuestionar no significa negar ni oponerse automáticamente. Cuestionar es, ante todo, preguntarse para clarificar. Puede ocurrir que, tras examinar la moral que sigues, comprendas su origen y decidas conservarla. Pero también puede suceder que optes por modificarla profundamente, buscar nuevos referentes o, quizá, construir tu propia estructura moral.

Evaluar la moral implica, además, una revisión cuidadosa de los valores que la sostienen. Más adelante podremos profundizar en estas reflexiones y explorar cómo moldear conscientemente una ética que no sea heredada por inercia, sino elegida.

Espero que te animes a continuar recorriendo el blog y a avanzar en esta tarea de liberarnos del ánimo servil que a veces resulta agobiante, para dar paso a una disposición más plena y autónoma. Intento mantener la disciplina de publicar cada lunes y jueves.

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