El camello interior: las cargas que no elegimos y la ilusión del libre albedrío

En la publicación anterior, El camello y la carga que no cuestionamos, propuse un ejercicio aparentemente sencillo: escribir preguntas sobre las motivaciones de nuestra vida cotidiana. No se trataba tanto de responderlas, sino de entrenar una capacidad que rara vez ejercitamos con rigor: preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos y por qué creemos lo que creemos.

Ahora vale la pena detenerse en un detalle clave del ejercicio: la cantidad de preguntas que lograste formular. Ese número no es trivial. Es, en muchos sentidos, un indicador directo de la cantidad de hábitos, creencias y decisiones que operan en tu vida sin haber nacido realmente de tu voluntad, sino como cargas heredadas, asumidas y normalizadas.

El camello como metáfora de la carga inconsciente

La cantidad de preguntas que puedes formular es proporcional a la cantidad de carga que llevas, tal como el camello en la metáfora. Y, al igual que en esa imagen, la carga no fue elegida por quien la transporta.

Los camellos no deciden qué llevar.
Se arrodillan.
Aceptan el peso.
Avanzan.

Del mismo modo, gran parte de nuestros hábitos, valores, creencias religiosas, prejuicios y aspiraciones no fueron escogidos, sino incorporados. Fueron puestos allí por el entorno: la familia, la cultura, la educación temprana, el contexto social.

El origen de nuestras creencias no suele ser individual

Llegados a este punto, podríamos plantear el ejercicio de responder una por una las preguntas que escribiste. Sin embargo, conviene anticiparlo: la mayoría de las respuestas te conducirán a una misma constatación incómoda.

Tus creencias y hábitos no nacieron contigo.
Tampoco surgieron en el vacío.

Es altamente probable que:

  • Profeses la religión de tu familia.
  • Persigas ideales similares a los de tu entorno cercano.
  • Tomes decisiones de vida alineadas con modelos que existían antes de ti.

Y aquí surge una pregunta que suele incomodar:
¿cómo puedes estar seguro de que elegiste libremente aquello que ya estaba ahí antes de que tú llegaras?

La respuesta honesta es simple, aunque inquietante: no puedes estarlo.

La ilusión de la elección libre

Es tentador creer que, aunque compartamos creencias y hábitos con nuestro entorno, los hemos elegido conscientemente. Pero esa sensación de autonomía suele ser posterior a la adopción, no anterior.

Cuando una idea, un valor o una forma de vida ya existía antes de ti, y tú simplemente creciste dentro de ella, la noción de elección libre se vuelve frágil. No porque sea falsa en todos los casos, sino porque no puede darse por sentada.

La libertad, en este punto, no es un hecho: es una hipótesis que debe ponerse a prueba.

El ejercicio: responder con rigor y sin complacencia

Anímate a responder con honestidad —y sin indulgencia— las preguntas que anotaste. Si lo haces con suficiente rigor, comprobarás que muchas de tus respuestas no remiten a decisiones propias, sino a herencias invisibles.

Este ejercicio no busca generar culpa ni rechazo automático hacia lo heredado. Su objetivo es otro: hacer consciente la condición de camello del espíritu.

Elegir qué carga soltar y cuál conservar

Cuando tomes plena conciencia de esa condición, detente y reflexiona:

  • ¿Estás a gusto con las cargas que llevas?
  • ¿Cuáles deseas conservar?
  • ¿Cuáles quieres abandonar?
  • ¿Por qué?

La pregunta más importante no es qué decides hacer, sino desde dónde decides hacerlo.

Escribir para pensar mejor

Llevar este proceso por escrito es fundamental. En la misma libreta donde anotaste las preguntas, registra también:

  • Tus respuestas.
  • Las cargas que deseas soltar.
  • Las que decides conservar.
  • Las razones detrás de cada decisión.

Este registro no es definitivo. En algún momento deberás volver a él, releerlo y ajustarlo. El diálogo interno que implica dejar de ser camello no ocurre en un solo intento.

De hecho, suele implicar la confrontación de dos posturas internas que coexisten en cada individuo. Más adelante profundizaremos en esos dos “yo” que, en ocasiones, entran en conflicto y nos empujan a actuar de forma vacilante.

Cuestionar la carga no te libera de inmediato.
Pero no cuestionarla garantiza que nunca lo harás.

Este es apenas el inicio del tránsito. El camello aún camina. La pregunta es si algún día se revelará y querrá dejar de ser un camello.

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